Estas imágenes las capturé en pocas de las marchas juarenses que hubo entre 2009 y 2011 cuando la inseguridad y la violencia llegaban a sus más altos niveles. La ciudad se respiraba un tanto negra, fatalista y perdida. Nadie quería salir a la calle, salvo a lo estrictamente necesario. Las calles se quedaban vacías de peatones y autos a partir de las 9 de la noche, sobre todo en las zonas aledañas al centro de la ciudad. Se escuchaban ráfagas muy a menudo cerca de casa, incluso en horarios matutinos... era usual escuchar cosas, ver convoys de soldados primero, y años después convoys de federales, al acecho de la sociedad civil. ¡que no nos cuenten que iban detrás de los verdaderos delincuentes! Uno se daba cuenta de ello al verlos por todos lados al ir en nuestros trayectos habituales.
Una gran forma de amortiguar nuestra indignación y coraje, era entonces, salir a la calle con pancartas, ir a manifestarnos ante todo esto. La consigna fue soltar los reclamos en comunión con nuestros iguales. Con los también ciudadanos de a pie, los también indignados. En las marchas lo mismo acudieron jóvenes, mujeres estudiantes, hombres trabajadores, parejas, maquiladores, maquiladoras, artistas locales, amas de casa, niños con sus papás soñadores, igualmente soñando, pero participando, por un mundo mejor. Las acciones en común eran estas marchas ciudadanas, solo unas tres o cuatro tuvieron presencia fuerte. ¿Qué pasó con esta unidad que se formaba? Lamentable. Una vez más se diluyó el proyecto solidario, solidificador y fortalecido que parecía crecer. La misma sociedad de nueva cuenta se sintió vulnerable a partir de las advertencias del grupo delincuente operante de violentar a quienes insistieran en estas manifestaciones pacíficas por las calles de la ciudad. Terrible, se esfumó todo aquello. Sólo quedaron unas cuantas fuertes y sensibles fotografías que deberán funcionar como parte de nuestra memoria.
¡Oh! otra vez, caímos en este cuento de no "querer experimentar" más terror. Otra vez caímos en el juego de creer en aquellas advertencias de represalias, que con todo y el miedo, sabíamos que podrían ser cumplidas por esta gente enferma. Las marchas fueron cada vez pocas y menos concurridas. Seguían acudiendo los ciudadanos más radicalizados en la lucha, un grupo minoritario con tal valentía que seguía marcándole al Estado lo mal que están las cosas. Un grupo de manifestantes que por su propia naturaleza ha estado en la mira de las autoridades, han sido golpeados y violentados por las mismas autoridades, tal es el caso del estudiante Darío quien recibió un tiro por parte de un federal y solo estaba siendo parte de una de varias manifestaciones pacíficas. La autoridad en su misma dinámica torcida del poder que ostentan hacia estos grupos de manifestantes (la gran parte de ellos jóvenes), no desaprovechan la oportunidad de provocarlos para ahora sí, tener pretextos de subirlos en las grandes cajas de sus camionetas y llevarlos a estación Babícora, donde con suerte saldrán al día siguiente y algunos golpeados en el ambiente de la impunidad de siempre.
Ciudad Juárez, una ciudad muy lastimada, una ciudad a la que continuamente se le ha faltado al respecto y a la palabra desde todos los frentes. Sin embargo, las víctimas de tanto despojo, de infamias, feminicidios, desapariciones forzadas, injusticias una y otra vez, se muestran inquebrantables, al pie de lucha. Una ciudad donde nuestros gobernantes no sólo se burlan de nuestras exigencias, sino que ante la invisibilidad de los reclamos por Justicia, en cambio ellos siguen sus rutas de gobernantes empoderados del "no los veo y no los oigo pero aquí estoy" a la usanza de los reyes egocéntricos y en un lapso muy corto de tiempo hacen hoyos por toda la ciudad, echan a andar proyectos de reubicación y ordenamiento vial (varios a la vez) de tal forma que Juaritos se vuelve un caos al querer pasar de unas zonas a otras, sobre todo al centro de la ciudad. Huelga a decir que está en veremos la vida y permanencia del café más emblemático de la ciudad, La Central, que por años ha sido sede de muchas vivencias ciudadanas, ha sido punto de reunión de la cotidianidad juarense en el centro.... y que por razones prácticas habría que derribarse para formar parte de la vialidad esta que se acaba de echar a andar por el municipio.... Un presidente municipal que está a unos días de presentarse a inaugurar con pompa y platillo una X de Sebastián, que a la vista de todos (algunos hacen como que no ven, como que no oyen) reúne los desaciertos suficientes como para poner en la balanza: por un lado toda esta parafernalia de recursos otorgados al proyecto, toda esa estética y significación coyuntural de una forma de ver la "mexicanidad" por parte del artista y por si fuera poco, de un color rolo bermellón que en todo caso su simbolismo es aún más claro: la emergencia, la sangre, la violencia.... un evento socio-político que será el marco del aplauso y las palmaditas que de unos a los otros, los políticos se reunirán para festejar esta nueva existencia en la entidad fronteriza. Del otro lado de esta balanza, las interminables necesidades que debieron ser urgentes para Juárez (el Juárez tan lastimado como se hablará incansablemente en su discurso oficial), el Juárez del sistema pluvial siempre en decadencia e insuficiente, el Juárez de innumerables colonias con falta de agua potable, como lo más elemental que debería contar una familia por casa habitacional, un Juárez con un sistema grosero de transporte colectivo con rutas ingratas e imprácticas.... en resúmen las inacciones del gobierno que resultan de vital importancia están ahí, a la luz de todos. Los problemas sin resolver. La falta de justicia y la ingratitud del mismo Estado ante un interminable etcétera de tachitas .... Una gran X que nos viene una vez más a recordar la tacha, la reprobación y la difícil aceptación de una gran parte del movimiento ciudadano que analiza, que se detiene ante la reflexión que hay con este y otros casos de invisibilidad de lo meramente importante. Y lo que se viene, con el tema del galgódromo-hipódromo tan emblemático para la ciudad.
Hay tanto de qué hablar, tanta denuncia por hacer, que por lo pronto dejamos este post en manos de algunas imágenes, mismas que no nos alcanzan para hablar de tanto y tan profundamente, pero que sí comienzan por preparar el terreno de la denuncia social a través de sí mismas.
Estas fotos representan el horror, las injusticias y todo lo irrepresentable que se ha padecido en la guerra fallida contra el narcotráfico del sexenio de Calderón.






