Dicen que andar en bicicleta te ayuda a combatir el estrés provocado en gran medida por el ritmo de trabajo, la falta de tiempo para la realización de tareas, la presión por terminar a tiempo, el espacio dedicado a los trayectos, el tráfico, la comida práctica y rápida habitual (cargada de tóxicos, condimentos y harta harina debido a todo lo anterior) y más situaciones como condición de vida estrepitosa en las grandes ciudades.
Hace 10 días viajé a la Ciudad de México motivo por el cual me preparé días antes con un régimen alimenticio rico en potasio, calcio y vitaminas, porque ya sé que cuando se va a esa gran urbe, se camina demasiado. La enorme extensión, la aglomeración y su condición de "ciudad más grande del mundo", la más poblada con su bonus de contaminación habitual, nos deja claro que debemos realizar una serie de pasos para no morir de estrés, ni de deshidratación, ni por algún atropello (literal y metafórico): simplemente los peatones no existimos en esa ciudad.
Iba en el cruce de Insurgentes y Av. Reforma cuando con singular alegría advertí un kiosko de préstamos de bicicletas en uno de los camellones de Paseo de la Reforma, y que gracias al buen Mancera que ha puesto en marcha desde hace ya varios meses estas bicis totalmente gratis y al alcance tuyo y mío con solo dos condiciones: 1) traer contigo dos identificaciones oficiales que seguro "cargas" en tu bolsillo como gran mexicano que eres y, 2) regresar la presunta bici en un tiempo de no más de tres horas. Si te pasas del tiempo pagas $200.00. Por fortuna traía conmigo la de elector y la licencia de conducir y claro, disponía de ese tiempo.
La cuestión fue que utilicé una bici (todas son iguales en azul con amarillo) y difieren de las ecobicis de enseguida en estilo y condiciones de vida y de pago... A mí en calidad de foránea me convinieron las que te prestan. Así que bien, anduve por ahí, haciendo ejercicio, avanzando más rápido que caminando, admirando el paisaje urbano y tragándome además el smog de los autos y los camiones que circulaban a mi ritmo.. Mi meta original era llegar hasta la Estela de Luz pero me desvié del camino a la altura de la embajada de los United States, así que hasta visité a mi amiga Tita que hacía años no veía. El poli de su oficina apenas me alcanzó a reconocer... Así que no logré llegar ese día de bicicleta hasta la manifestación de Madres de Ciudad Juárez que comenzaron una huelga de hambre en protesta y exigencia a EPN para que las atienda en una audiencia pactada con meses de antelación (y que por cierto después de 10 días de plantón tres funcionarios del gobierno salieron a atender y recibir los pliegos petitorios). Total que en dirigirme hacia otros lados, se me escaparon de las manos el resto de minutos de las tres horas firmadas en aquel kiosko al que debía volver.
Durante mis ocho días de estancia en la ciudad noté una cuestión: la gente vive en un estrés más notorio y denso que en otros años, al menos así lo percibí con varios ejemplos como empujones, malas caras, desconfianza, poca amabilidad, respuestas entrecortadas y groseras, cuando uno se desvive por ser amable con el otro. Quizá siempre ha sido así en una ciudad con estas características que describí arriba, pero la acotación la hice a partir de mi experiencia de esa semana. Me pregunto entonces:
¿Será que esto de andar en bici es una cortina de humo para manejarnos lo ecológico y lo armónico y lo saludable que podemos ser y vivir en nuestra inmensidad de ciudad?
No lo sé, pero debo decir además, que así como anduve en bici, me subí al metro, me moví en metrobús, en taxi y hasta en un jetta particular con mi primo Rodrigo que me llevó a pasear hasta Cuernavaca a donde fuimos y volvimos de un día para otro, para luego tomar un último respiro y retornar al fin a esta ciudad fronteriza. En esta parte del viaje, y porque no quiero dejar de mencionarlo, pasó que al día siguiente de pernoctar en Cuernavaca, se revela el horror que resonó en todo México: supimos la terrible noticia de los 43 desaparecidos de Ayotzinapa. En Iguala sucedió aquello, y era muy cerca de donde andábamos. Triste, infame, terrible.
En Cdmx anduve en transportes varios, pero sobre todo, caminé. Caminé grandes tramos del Paseo de la Reforma, del Centro Histórico desde la Plaza de Santo Domingo, hasta el Hotel Casa Blanca de la Fragua varias veces, que fue uno de los lugares donde me hospedé. Hubo sorpresas, cruce de miradas, obsequios inesperados, amistades nuevas, aprendizaje, desconciertos y emociones demasiado intensas, pérdidas de memoria y recuperación de momentos vividos también. Debo agregar que ví gente muy querida que hace añales no abrazaba, entre ellos estás tú, lector que sonríes ahora. Estreché la mano de gente inteligente, interesante. Estuve en la presentación de Garabato del Willy en la Condesa, muy bueno saludar y conocer personalidades de los medios, a Nora Patricia Jara a quien escucho cada mañana, a Luis Hernández Navarro de La Jornada, al escritor Evodio Escalante, al escritor chihuahuense José Vicente Anaya, escuchamos discursos notables de verdad aquella noche. Re-conocí por supuesto al periodista Nacho Alvarado, saludé a queridos cuates de Juaritos durante el viaje. Abracé a mi Bailléres querido. A mi entrañable Isaías... a mis tíos los Aguileras, a mi papá también. Siempre me da un gusto enorme ver a RauriBa y a Felipe, y aún más gusto porque casi nunca veo a mi querido Gabriel Alcántar, gran fotógrafo de
vidas perdidas de toda la urbe.. Y a la víspera de mi retorno, ir a darle un beso al bello Mateo no tuvo igual. Llevarme a la visita a mi querida Verito, a su familia. Disfrutar de mis adoradísimos Palacios todos... Días antes ir a conocer a Larissa... caray, sí que me monté en una bicicleta inimaginable ... No pude ver a otros de mis seres queridos, pero lo que sé es que siempre se deja algo pendiente para después volver.
Las maravillas del Distrito Federal son inenarrables en ocasiones, así que me tomo el resto del post para incluir algunas imágenes que reflejan mis lecturas de este intenso viaje que seguro terminan de relatarte con soltura un poco de lo que fue mi viaje "en bicicieta".
No encontré nada más placentero que andar en bici por Reforma, aunque fuera dos horas y media.
Debo agradecer a Miguel Angel Berúmen por llevarme al restaurante de comida Uruguaya más rica que he probado jamás, ahí en la Colonia Tabacalera. A cuadra y media del Monu a la Revolución. Además me encantó toparme con Quino y Mafalda en el lugar.
Y comer unos deliciosos tlacoyos de maíz azul hechos por unas manos sabias y generosas.
Encantada de ver jugar a la gente, entregarse a la fascinación de pensamiento generada por el ajedrez. Claro, en la Alameda Central, como siempre.
Vista general al Zócalo de la Ciudad de México tomada por infinidad de canchas de Basketball y nadie la hace de olas.
Las infaltables estatuas vivientes, que primero conocí en Barcelona y otras ciudades antes que en Ciudad de México.
Las fuentes saltarinas con vista al poniente y de fondo el Monu a la Revolución.
Una nube maravillosa sobre la parte superior de Palacio de Minería. (creo)
Los chicos que ensayan malabarismo a un costado del Museo Nacional de la Revolución
Una gran selfie entre cuates que me acompañaban la noche de la expo Tiempos de Sol. Gracias camaradas.
Una gran señora, que custodia por esta temporada la exposición dentro del MNR
Más nubes, nubes de lluvia prodigiosa sobre el ángel de la Independencia, que no se ve por ningún lado.
Dentro del CCD, una parte de la Exposición sobre Equilibrio y Resistencia, una buena reflexión de Lourdes Grobet y otros autores.
La estela de Luz, que algunos conoces como la "Suavicrema" sobre Paseo de la Reforma en Chapultepec
Memorial en Estela de Luz
Conmemoración de 30 Años de vida de La Jornada (pasaje Reforma en fotografías).
El fotógrafo Enrique Villaseñor nos otorga una gran foto donde aparece Cuauhtémoc Cárdenas saltando luego de haber estado en prisión.
Me llenó de alegría la vida en bicicleta de la Ciudad de México
Nunca es suficiente para las Madres de Mujeres desaparecidas, asesinadas, ultrajadas de Ciudad Juárez en el reclamo constante de Justicia al gobierno en turno por su sordera, su ceguera y su insensibilidad: su inacción. Estuve a la víspera de mi viaje en Chivatito y Reforma en el 3er día de huelga de Hambre de Malu García Andrade, hermana y activista; Silvia y Bertha, madres de víctimas.
Mamá e hija saliendo del Museo Soumaya
Y claro, el viaje en metro es siempre sorprendente. El cúmulo de materia y esencia humana no tienen igual.
Nuestro amigo Àngel Estrada mostrando las bondades de un instrumento en vías de desaparición: El Chapareke, tema central de su documental seguramente que saldrá con el mismo nombre. y que fue a pre-estrenar con gran éxito en el marco de un festival que organizó la UNAM en el Centro Histórico de la Ciudad de México.
Un obsequio de una rosa de papel a cambio de un peso. Mientras esperaba mi cita para un café en en Centro con amigos.
Pasando por el Segundo Piso tan polémico desde donde se aprecia mi antiguo barrio, las Torres de Mixcoac, al lado de Plateros. ¿Cómo olvidar aquel tiempo dorado?
El tequila y la amistad no tienen comparación en esta vida, ni en las que pudieran existir. Digo yo
Y al final del viaje, mi padre me llevó al aeropuerto.
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P.D.- Lo verdaderamente globalizado es el tiempo
(Paul Virilio) en Centro de Cultura Digital