
Me sudan las manos de vez en cuando. Es natural, nuestro cuerpo tiene miedo cuando siente peligros ante él y los seres que lo rodean. Mi pregunta se dirige hacia lo incierto, ¿qué nos deparará el destino con esta situación digamos insostenible en esta ciudad? Las respuestas no están disponibles ahora, y mientras esto sucede, vivo e intento vivir sin miedo. Vivo día a día en esta ciudad. La veo llena de gente maravillosa, gente de gran corazón, llena de vida. La ciudad no está del todo desolada. Veo a los niños y a las niñas jugar en los parques. Sus padres (no todos) aún van de paseo con ellos. Esto me reconforta pues sería triste ver la ciudad totalmente vacía de aquellas familias queridas, amigos que luchan y que trabajan en pro de un porvenir llevadero.
Paso los días disfrutando de este sol de un verano que se nos va, de hecho, mañana comienza un nuevo otoño, el otoño de 2010.
Así que las hojas caerán pronto y el tiempo de frío llegará una vez más al desierto.
Me encanta, me encanta ver cómo las hojas caen de sus árboles, cómo todo se torna cobrizo y seco, y admirar tarde a tarde estos bellos atardeceres desde mi hogar.
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